lunes, 9 de febrero de 2009

El destino. Segunda parte. Ella.

Ella abre la puerta. Encuentra un cuaderno de espirales gruesas y portada forrada de terciopelo rojo. Ella lo toma emocionada. Lee unas letras remarcadas de crayola negra que dicen: "ELLA" "Preprimaria A". Ella se emociona aún más y lo abre. Comienzan a saltar las mal pegadas bolitas de algodón de un borreguito que comía yerba, las amarillas plumas de un patito y sobretodo cae a pedacitos la sopa de pasta pintada de vínilica azul que formaba el charco donde nadaban unos alegres pecesitos. Ella... se dice... esto es mío... sí claro... este libro yo lo hice, y Ella se sonríe, y piensa: tan fácil que fue terminar este libro... mi primer libro... recopilación de todos mis esfuerzos semana tras semana engargolados en la papelería... parece sencillo, me pregunto ¿por qué carajos no he podido terminar otro ahora de grande? (este parentésis es vergonzoso)... y llegan nuevas imágenes de golpe...
Ella recuerda los gloriosos momentos en los que era la reina del mundo cuando veía que llegaba su papá a recogerla a la escuela y corría a abrazarlo y lo mejor de lo mejor es que le cargaba la mochila. Los papás buenos le cargan la mochila a sus hijas y les compran un raspado de grosella aún antes de comer la sopa... claro eso sí sin decirle nada a nadie. Y así... Ella desde entonces sabe guardar secretos. Ella supo lo que era ser cómplice.